Lleva varios años dedicados a esta actividad y siempre que tiene contacto con lo que se conoce como un órgano tubular, se sorprende porque a lejos espera encontrarse con un mundo maravilloso, pero cuando se acerca llega a la conclusión de que lo que se alcanza a ver es sólo la punta de un iceberg lleno de historias, sonidos y fantasías.
Estudió en el Gimnasio Moderno, de Bogotá, donde se encontró cuando apenas tenía diez años con un pequeño instrumento y desde ahí supo que su vida estaría ligada a él, aunque nunca tuvo la intención de convertirse en intérprete porque desde la infancia le han llamado la atención aquellos trabajos tras bambalinas. Como quien dice… él construye el carro pero otro se encarga de manejarlo. el espectador
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